29 de marzo de 2011

Ruta de faros

La primera ruta que se me ocurre ofreceros no es de las más usuales de la zona, sobre todo porque estamos en el concejo de Piloña y la ruta en cuestión es de costa, pero como tiempo habrá para explorar toda clase de rutas, hoy me apetece oler el mar.

 
Para los que no frecuentais la costa cantábrica, y que como yo, habéis pasado más de un verano en el Mediterráneo o incluso vivís en él, la encontraréis muy distinta. Desde el olor, menos salado y más a hierba fresca, el viento menos "denso" pero igual de bravo y por supuesto las vistas. Os pueden gustar más o menos, pero reconozcámoslo, son espectaculares. Y que mejor manera de disfrutarlas que a la altura de las gaviotas, desde los faros. Otro día nos animaremos a recorrerla andando.

Por supuesto Asturias tiene muchos más faros, pero vamos a parar en los más "cercanos" a nuestra cabaña:


Empezamos por Ribadesella en el Monte Somos, a unos 3 km de la villa. Tenemos que acercarnos a la aldea de Tereñes donde encontraremos este faro de 1861. No es fácil acercarse y tendréis que saltar vallas si queréis asomaros al mar, todo un descuido por parte del ayuntamiento a mi entender, porque sería un magnífico lugar para pasear. Actualmente no está habitado ni abierto al público, pero en fin, ahí está la gracia del viaje: buscaros la vida.


Seguimos la costa hasta el pueblo de Lastres, sí, el del Doctor Mateo, aunque antes también existiera, milagros de la televisión. Su faro, si mal no he oído, es completamente automático, por lo que le falta ese encanto que siempre le da la casa del farero.  Tampoco está abierto al público pero es mucho más fácil acercarse.


En dirección a Villaviciosa, nos desviaremo hacia el pueblo de Tazones. En este caso podemos llegar hasta el faro, éste de 1864, sin ningún problema y aunque resulte prosaico, lo más seguro es que tengamos que dar las gracias al restaurante que hay al lado. No os lo voy a recomendar porque la verdad es que nunca he entrado pero seguro que aunque sea para un café, las vistas valdrán la pena. Y si el viento aprieta, mejor un caldo.


Y como última parada, nos acercaremos hasta Gijón, más concretamente hasta la Campa de Torres, donde se encuentra el faro del mismo nombre. Y ¡oh, milagros de las grandes ciudades!, éste no sólo está abierto al público sino que tiene museo. (Pulsar para ver horarios). Seguro que dentro encontraréis mucha más información de la que yo os pueda facilitar.

Podríamos seguir hacia los acantilados de Candás, pero esa ya será otra ruta. Así que entre los faros, alguna paradita técnica para comer algo, más de alguna paradita técnica para los que tenéis niños o perros y unos culines por el barrio antiguo de Gijón (aunque nosotros somos más de unos paseos por la playa), y ya habréis echado el día. Hora de volver al Viñeru.